Gracias, Erasmus

Después de un curso entero viviendo y estudiando en Londres gracias a la beca Erasmus, me siento en la necesidad de agradecerlo. Y creo que una buena forma puede ser intentar hacer una lista de cosas  por las que el programa Erasmus no debería desaparecer nunca:

Parque

Grandeza del mundo. El mundo es mucho más grande de lo que nunca pensaste. Países de los que había oído hablar alguna vez en mi vida, de repente comienzan a hacerse comunes en conversaciones, o en el origen de las personas con las que he compartido parte de mi tiempo.

Todo cerca. Es curioso, pero a la vez que he sido consciente de lo grande que es el mundo, y de la gran cantidad de lugares para visitar, siento que todo está más cerca. He perdido el miedo a salir fuera para algo más que turismo. De hecho, me han dado ganas de salir más, de conocer más lugares y contar las historias que encuentre allí. Sigo siendo española, pero me siento más ciudadana del mundo que nunca.

Madurez. He crecido mucho, me siento más capaz. Es cierto que esta experiencia es una situación cómoda, pues vengo a estudiar con una beca y la ayuda de mis padres. Pero solucionar cualquier problema menor en un idioma que no es el materno duplica la dificultad. Lo bueno es cuando se soluciona, y te sientes orgulloso de ti mismo. Y capaz de casi cualquier cosa.

CementerioDudas. ¿Hablé de madurez? Pues, a la vez, más llena de dudas. Las certezas se han roto al conocer las de otros. Y eso me ha hecho preguntarme y replantearme muchas cosas. Aún no tengo las respuestas, pero todo comienza con las preguntas.

Crítica. Conocer más del mundo me ha hecho dudar. Pero también ser más crítica. Ese mismo cuestionamiento del que hablaba antes me hace no aceptar ciertas cosas que siempre han sido así, pero que no me parecen justas ni me gustan. Pensar que se pueden cambiar, porque en otros lugares son diferentes. Y pensar que puedo hacer algo para cambiarlas.

Entendimiento. Lo confieso, me siento orgullosa de mí misma cuando asisto a conferencias y lo entiendo todo a la perfección. No contaba las clases porque pensaba que estaba acostumbrada a la forma de hablar de mis profesores. Pero mantener conversaciones cotidianas, poder acercarme a los demás y hablar sin miedo. Charlar sobre el tiempo o sobre tus sentimientos sobre tal o cual hecho… eso es impagable. Y me habría sido imposible si no hubiera venido.

Amigos. Claro que sí. He conocido a unas personas maravillosas que me han enseñado mucho. He estado en el Reino Unido, pero he aprendido de franceses, italianos, griegos, portugueses, nigerianos, americanos… Probablemente no sean lo que yo llamaría ‘amistad’, pero son grandes personas de las que me llevo enormes recuerdos.llaves

Soledad. Echar de menos a la familia, a los que se quedaron en casa esperando que aprendiera y encontrara todo lo que buscaba. Eso también me hace fuerte. Nosotros debemos ser nuestro mejor amigo. Y, lo mejor, es que estoy deseando darles un abrazo.

Ignorancia. no creo que haya cambiado y haya dejado de ser quien era antes. Pero sí estoy segura de que he aprendido mucho. Y me he dado cuenta de que, si antes hacía mía la frase de “daría todo lo que sé, por saber la mitad de lo que ignoro”, ahora la modificaría a un “daría todo lo que sé, por saber un cuarto de lo que ignoro”. Pero tengo muchas ganas de seguir en el camino.

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2 pensamientos en “Gracias, Erasmus

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