¿Por qué?

– ¿Por qué?Parque

– No sé, no me lo he planteado

-¿Por qué?

– ¿Siempre haces tantas preguntas?

– ¿No vas a responder nunca?

– No, no me gustan las preguntas. No tengo tiempo para tonterías

– Entonces, ¿qué haces?

– No lo sé, quizá pasar de largo, vivir.

– ¿Vivir sin preguntas?

Él miró al frente, a ningún lado. Exasperado y cansado ya de una conversación absurda.

– Yo me hago mis preguntas, pero son mías. No tuyas, ni de nadie. No tengo que darte explicaciones.

Entonces, ella bajó la cabeza. Quizá sabía que todo había terminado, que hacía tiempo que todo acabó y que ya no merecía la pena sostener algo que no tenía razón de ser. O cuya razón de ser olvidó hace tiempo.

Con la cabeza gacha, miró el reloj.

– Es hora de irse…

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